Todos ellos comparten, sin embargo, características comunes que podrían resumirse en un elevado consumo de frutas, verduras, patatas, legumbres, frutos secos, semillas, pan y otros cereales; el uso de aceite de oliva para cocinar y aliñar; cantidades moderadas de pescado y poca carne; consumo moderado de vino; optar por productos frescos, locales y de temporada y seguir un estilo de vida activo.
El aceite de oliva es considerado como una fuente rica en grasa monoinsaturada, que protege de las afecciones cardíacas, y como fuente de antioxidantes, como la vitamina E. El tomate, también presente en la dieta mediterránea es, según los expertos, una fuente fundamental de antioxidantes como el licopeno.
A pesar de todos estos beneficios, parece que seguir las pautas de una dieta mediterránea se enfrenta actualmente a ciertos obstáculos procedentes, sobre todo, de «los cambios sociológicos», que impiden que la gente pueda dedicarse a cocinar y a mantener la «dieta tradicional», confirma Lluís Serra, presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Dieta Mediterránea (FDDM), fundada en 1996 con el objetivo de preservar este modelo alimentario.
Fuente: consumer.es




