Conseguir que nuestros hijos desarrollen su inteligencia emocional y una autoestima sana y equilibrada debería ser uno de los objetivos de los padres y madres del siglo XXI, ya que son garantía de éxito, tanto para el establecimiento de las relaciones personales, como para la consecución de cualquier objetivo que se pretenda lograr a lo largo de la vida.




Una de las mejores enseñanzas que los progenitores pueden transmitir a sus hijos es una actitud saludable frente a la vida, prepararles para tratar con las dificultades y desafíos que se les presenten de una manera provechosa. Uno de los caminos para lograrlo es ayudarles a ver el lado bueno de las cosas, un aspecto que no tiene por qué estar ligado a inocencia e ingenuidad. Además, es recomendable hacerlo desde la infancia más temprana: una investigación sobre este tema revela que los niños entienden que pensar de manera positiva les hace sentirse mejor.
Muchos padres muestran asombro e incluso se ríen cuando descubren que su hijo argumenta su primera mentira. Aunque en los más pequeños esta actitud está más relacionada con la fantasía que con la intencionalidad, es preciso evitar que mentir se convierta en una pauta frecuente que se mantenga cuando sea más mayor. Los especialistas recomiendan a los progenitores prestar especial atención a las posibles causas que llevan al niño a mentir e intentar que se eduquen en un ambiente sincero, basado en la confianza. 