Las tablas de Daimiel son la metáfora de la salud de los humedales del mundo. Superados años agonizantes en los que sólo diez de sus 1.600 hectáreas estaban encharcadas, hoy se puede contemplar un horizonte inundado. Su ejemplo ilustra el desgaste casi mortal que sufren los considerados riñones del Planeta, pero también es modelo de cómo pueden resurgir con un esplendor que evidencia la necesidad de cuidarlos.






El calentamiento global y el exceso de fertilizantes reducen la biodiversidad y el aumento de zonas muertas en los mares. Los océanos van camino de convertirse en desiertos sin vida. La distribución de la biodiversidad marina se altera y hay cada vez más zonas muertas. Sus principales culpables: el cambio climático, el excesivo uso de fertilizantes o a las emisiones de dióxido de carbono (CO2). 
